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Se sab que la campa de 2018 pasar a la historia por el auge de las candidaturas inscritas por firmas. Y la semana pasada, al terminar el plazo para que la Registradur revisara las que le present una veintena de aspirantes, el hecho se confirm por primera vez el tarjet de las elecciones presidenciales tendr m nombres respaldados por movimientos significativos de ciudadanos lo denomina la ley que con el aval de partidos pol candidatos pasaron el examen, y lograron que la Registradur certificara que cumplieron el requisito de 386.000 firmas v Germ Vargas, Carlos Caicedo, Alejandro Ord Piedad C Sergio Fajardo, Juan Carlos Pinz Gustavo Petro y Marta Luc Ram Completan la actual baraja de presidenciables Iv Duque, representante del Centro Democr Clara L quien cuenta con el aval de la ASI; y Humberto de la Calle, del Partido Liberal. En este grupo de diez est el sucesor de Juan Manuel Santos.

La revisi de la Registradur equipo de 700 personas con un presupuesto de 5.400 millones de pesos se ocup de 17 millones de firmas. Hubo candidatos que no alcanzaron el n exigido por la ley. Entre los m conocidos Frank Pearl, Jairo Clopatofsky y el general Luis Herlindo Mendieta.

El auge de las firmas evidencia la crisis de credibilidad de los partidos. Entre quienes optaron por esa f hay candidatos con largas trayectorias partidistas, como Germ Vargas Lleras, Marta Luc Ram y Juan Carlos Pinz Pero el aval de un partido, que era el centro de duras peleas en el pasado, en 2018 no es un activo sino, m bien, un problema. Vargas Lleras prefiri presentarse por firmas que por su propia colectividad, Cambio Radical. Y otros Luc Pinz Petro echaron mano de este instrumento porque no encontraron el apoyo de los partidos en los que militaron en el pasado. Ram fue candidata conservadora en 2014, Pinz se daba por seguro abanderado de La U y Petro represent al Polo Democr en las presidenciales de 2010.

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En teor el mecanismo de los grupos significativos de ciudadanos busca abrir oportunidades a opciones independientes y controlar el excesivo poder de las c de los partidos y de sus maquinarias. De los presidenciables de 2018, Sergio Fajardo ha transitado en ese camino y as alcanz los dos cargos de elecci popular que ha ejercido: la Alcald de Medell y la Gobernaci de Antioquia.

Las candidaturas por firmas tienen un atractivo en la coyuntura actual. Los partidos han perdido credibilidad y su imagen se ha debilitado en todas las encuestas. Los mecanismos de representaci se han desprestigiado en el mundo y Colombia no es una excepci Las banderas rentables hoy en las costumbres pol y renovaci de las elites tienen m peso desde una opci independiente que desde una f partidista. Desde el punto de vista estrat en 2018 las firmas son m apetecidas que los avales. Incluso hay dos partidos, el Conservador y La U, que hasta el momento no tienen candidato presidencial. Lo cual es llamativo si se tiene en cuenta la tradici de m de 150 a de los azules, y que en el caso de La U gan en 2014 y 2010 con Santos, y en 2006 con Uribe. Definitivamente, el actual no es el a de los partidos.

Desde el punto de vista institucional, sin embargo, hay otras lecturas. La importancia de los partidos en una democracia representativa es ampliamente aceptada. Varios de los candidatos postulados por r defienden la funci de las colectividades formales y no proponen acabarlos, sino reformarlos. Entre ellos, Marta Luc Ram y Germ Vargas. Aunque es llamativa la proliferaci de opciones independientes, los partidos tienen a un papel en la actual campa electoral. El Centro Democr uribista, le apuesta a consolidarse en 2018. Humberto de la Calle prefiri el apoyo rojo que una apuesta por firmas. Tienen una connotaci individual y personalista, a diferencia del car colectivo de los partidos. En t de participaci de los ciudadanos, suscribir una planilla tiene un significado diferente al de depositar un voto en t de compromiso. firma no se le niega a nadie seg la conocida frase, pero no implica que la relaci del ciudadano con el candidato tenga la misma fortaleza que el lazo que une al miembro de un partido con su causa. De hecho, la ley permite que una persona estampe su nombre en varios movimientos significativos de ciudadanos y en cambio castiga la pr de la doble militancia partidista.

La revisi de la Registradur anunciada la semana pasada, dej en claro que el proceso de recolectar firmas no est exento de pr non sanctas. No es un ant contra el desborde de gastos. Los candidatos reconocen que les pagan a quienes consiguen los nombres, c y r de los ciudadanos, y se han denunciado casos de firmas pagadas. Adem casi la mitad de los 17 millones que se llevaron a la Registradur resultaron nulas por falsedad, o porque no ten datos completos o veraces.

En la extensa lista de campa para conseguir firmas durante el segundo semestre de 2017, en algunos casos el candidato simplemente no ten una verdadera condici para aspirar a la Presidencia. Las normas institucionales funcionaron: de casi 50 comit inscritos en la Registradur para conseguir firmas requisito que demanda la ley solo 8 cumplieron el objetivo. Hubo una decantaci que le da claridad al proceso electoral.

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Pero al mismo tiempo algunas normas han estimulado las candidaturas por firmas a costa de las de los partidos. Los requisitos, en el primer caso, se flexibilizaron. Sobre todo, porque baj el n de r necesarias para respaldar una aspiraci El proceso de conseguir firmas no tiene tantos controles financieros ni limitaciones para hacer campa en los meses anteriores al lanzamiento formal. A las campa partidistas, en cambio, les han impuesto m requisitos sobre gastos, y los esc en a anteriores, como el de Odebrecht, pusieron sobre ellas la lupa de la opini p Estas tendencias normativas han incentivado la f de los movimientos ciudadanos m all de la realidad pol dilema de firmas versus avales no es nuevo en la pol electoral. La f perfecta no existe, pero desde el punto de vista institucional se necesita un equilibrio entre los dos. Que haya partidos que representen ideas y proyectos colectivos, pero que este no sea el mecanismo para participar en la lucha por el poder ni que les cierren la v a alternativas independientes. En 2018 la balanza se inclina en contra de las colectividades formales, pero la reforma pol pendiente no pas en el semestre pasado deber buscar una legislaci m moderada.
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