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Deauville, puede considerarse, sin peligro de equivocarse, como uno sino él balneario más chic del norte de Francia. Ubicado sobre la costa de Normandía, presenta no sólo las boutiques y nombres de rigor: Herms, Louis Vuitton, Ralph Lauren y Eric Bompard, entre otras. Además, cuenta en su haber con una historia y lista de visitantes que hacen de este un lugar de referencia en cuanto a lujo y sofisticación se refiere.

Su creador e inspirador fue Auguste de Morny, medio hermano de Napoleon III. En 1858, paseando por el pueblo vecino de Trouville, tuvo la idea de crear aquí un “reino de la elegancia”, según recuerda Carl Wikinson del Financial Times. Pero, además, una nueva ruta desde el aeropuerto de la ciudad de Londres hace que el pequeo refugio costero ahora también sea un lugar de fin de semana accesible para londinenses y otros viajeros internacionales. Entre los habitués más antiguos están también los mejores polistas argentinos. Desde hace décadas, convierten al Deauville Polo Cup en uno de los jour fixe de su temporada europea. Todo rodeado de campos de césped exuberante, donde las vacas pacen al lado de caballos de carrera y entre plantaciones de manzanos en flor.

Uno de los residentes más ilustres de este pequeo pueblo de 4.000 de habitantes fue el director francés Claude Lelouch, que rodó en su casa Un homme et une femme (1966), su película quizás más famosa, La propiedad se transformó en lo que es hoy el ídilico hotel boutique “Manoirs Les”, propiedad de Groupe Floirat, el grupo hotelero de alta gama cuyo buque insignia es el Byblos, en Saint Tropez. Cada una de las 57 habitaciones del Manoirs Les lleva el nombre de una estrella de cine amiga de Lelouch, como Buster Keaton, Elizabeth Taylor o Errol Flynn. haciendo así honor, a otra de las herencias del pueblo.

A lo largo del paseo marítimo se encuentra una fila de pequeas cabaas de estilo Art Deco con los nombres de los grandes de la industria cinematográfica que, desde 1975, visitan la ciudad para el festival anual de cine internacional, que se celebra siempre en septiembre (ver Datos de Interés). Fue aquí,
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en 1913, que Coco Chanel se instaló y se animó a dar el paso del diseo de sombreros al de alta costura. Por su parte, Yves Saint Laurent ayudó, en 1977, a renovar la iglesia local.

Antes, a principio de los ’50, la escritora Colette era una invitada regular en el magnífico Hotel Royal, que mira a la escollera. Y si ese nombre suena familiar, no es casualidad: Ian Fleming, creador de James Bond, fue uno de los más asiduos huespedes del casino de Deauville. De ahí que la primera edición de las aventuras del más conocido agente de su Majestad, publicada en 1953, se denominara Casino Royale.

Hoy, claro, el casino luce diferente: (en el vestíbulo, un Peugeot luce un arco de oro gigante a la espera de ser ganado). No obstante, el lugar aún logra ser un entorno especial, lleno del ruido de las máquinas tragamonedas y de la efervescencia de los fuegos artificiales de interiores, que se encienden atados a las botellas de champán que consumen los comensales.

Fuera de estas salas, sin embargo, Deauville exhibe quizás su mejor activo: extendida, a lo largo de una costa casi interminable, espera la vasta extensión de arena que hace a la playa, salpicada de sombrillas rojas y azules que parecen querer vigilar las olas que lamen los pies de los pescadores de camarones. Mientras, en el centro del pueblo, esperan pequeos y exquisitos cafés y restaurantes, rodeados de un cuidado entorno de flores y árboles. En otras palabras, paz, tranquilidad y la tan extraa sensación de que todo está bien en el mundo.
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