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A Enrique Santos Castillo, el legendario editor general de El Tiempo, le encantaba decir que no era ni de derecha ni izquierda sino de centro Su comentario siempre provocaba risa. Nadie le cre Don Enrique nunca fue t en expresar sus posiciones pol que se resum en una defensa a ultranza de las Fuerzas Militares, del gobierno israel y de Estados Unidos. A la entrada de su oficina, desplegaba tres afiches: uno del grandioso Ej nacional, otro de Israel y el tercero del T Sam ( want you!). Don Enrique era un liberal de derecha, en momentos en que el partido mayoritario colombiano permit todas las vertientes; no exist los vetos ideol de hoy.

Hace unos d escuch a Iv Duque, el candidato del Centro Democr referirse a s mismo de centro Sergio Fajardo hizo lo mismo cuando era precandidato presidencial en 2009. No sorprende la obsesi por ser calificados de centro; son esos votantes los que definir las elecciones. Sorprende, sin embargo, que en las semanas tanto Duque como Fajardo se est dejando encasillar m por el adjetivo que del sustantivo.

Desde que gan la encuesta de su partido, los mensajes de Duque e incluso del ex presidente Uribe se han concentrado en los asuntos que m preocupan a los colombianos: vivienda, salud, empleo y educaci En cambio, hubo poca difusi de diatribas contra las Farc o reclamos contra Juan Manuel Santos. De esas de las que se nutren los furibistas (lo que los gringos llaman meat Ese giro a la moderaci sin embargo, es menos cre luego de la inclusi formal de Alejandro Ord a la consulta interpartidista del 11 de marzo. Ord es la derecha pura y religiosa. Entre sus simpatizantes se destaca la diputada santandereana Hern quien recientemente anunci que hab curado a varios hombres de la del homosexualismo bien es explicable la decisi de aceptar a Ord en la coalici al fin y al cabo fue un jugador relevante en la campa del No, su presencia debilita el discurso de Duque como representante de una Colombia moderna y joven. La imagen del se con tirantes choca con la econom naranja que propone el candidato.

La equivocaci de Fajardo precede a la de Duque. Acept como miembro pleno de su alianza al Polo Democr Alternativo, la agrupaci que ha representado a la izquierda durante la d y en cuyas filas est el senador Iv Cepeda, identificado con el ala m radical de la colectividad. Fajardo recorre el pa acompa del senador Jorge Enrique Robledo, adalid de quienes se oponen a la inversi extranjera ( multinacionales saquean al pa y promueven el proteccionismo y el regreso a la sustituci de importaciones. Su filosof econ difiere poco de la de Gustavo Petro. En Robledo es Petro sin el pasado guerrillero y amistades bolivarianas.

Es evidente que con el Polo, Fajardo busca solventar dos problemas de su anterior aspiraci en 2010. Ese a su movimiento no logr elegir ni un congresista, resultado que lo oblig a aceptar ser el segundo de Antanas Mockus. Y la falta de un aparato partidista impact la afluencia de votantes de la ola verde.

Con Robledo y Cepeda en primera fila, ser dif combatir la percepci de que su coalici es izquierda centro y no al rev sus movidas, sin querer queriendo como dec El Chavo, Fajardo y Duque abandonaron el centro, un campo f para Germ Vargas Lleras, Humberto De la Calle y Juan Carlos Pinz Los tres, llamativamente, son las estrellas de la administraci de Juan Manuel Santos. Vargas Lleras encabez la transformaci de la infraestructura (puede no ser la panacea para algunos, pero es innegable el avance); De la Calle negoci el acuerdo de desmovilizaci y desarme de la guerrilla m antigua del continente, y Pinz como ministro de Defensa, lider el debilitamiento militar de las Farc (incluyendo la muerte de alias Cano y la aprobaci de la millonaria ayuda de Paz Colombia como embajador en Washington.

Cada uno se ha distanciado de Santos. Es comprensible: la aprobaci del presidente oscila entre 15 y 28 por ciento. Unas cifras que coinciden con los votos que recibi el primer mandatario en la primera vuelta de 2014 (25 por ciento). Curiosamente, esos porcentajes corresponden a la franja que no se identifica ni de derecha ni de izquierda. No es insignificante. Est en juego 3.3 millones de votos (los que obtuvo Santos) cantidad suficiente para acariciar la segunda vuelta. Ser negligencia pol no competir por estos votantes.
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