ralph lauren sales El exceso de diminutivos afea cosa juzgada

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Me molesta según la persona, con qué intenciones y modos provenga el diminutivo. Digamos, en líneas generales, me revientan las minas que se ponen en pose de nena boba y con tono acorde, hacen uso y abuso de los “itos” e “itas”.

Pero a veces, creo que se emplea como para suavizar/aminorar el impacto del pedido, orden, etc. y ahí según de quién provenga puede o no chocarme.

Lo que sí o sí me jode es cuando el diminutivo viene en conjunto con una frase bien grasa, guarra y desubicada onda Francella, que se las ahorro, pero la relacioné con “lechita”.

Ejemplo: Si uno de mis pollitos me dice mamita, sera tomado como un halago o muestra de cario. Si en cambio el que me lo dice es algún trabajador de una obra en costrucción me cae como insulto o apodo peyorativo.

Desde otro punto de vista: si algun comensal me acusa de “haber servido POCA comida”, me cae peor, que si me acusa de haber servido “poquita”. En el primero de los casos la acusación parece seria y en el segundo (“Serviste poquito”) aparentemente se estaría tratando de morigerar los efectos de la incomodidad que sus dichos me producen.

O sea que en Perú es parte del trato amable, del buen anfitrión, como romper el hielo y que la visita se acomode y etc?

Bueno, en Uruguay me parece que no está tan instalado, es más te diría que es un fenómeno bastante reciente fuera de lo común entre nios/as adultos, que ahí tiende por tamao o lo que fuere “secate el ombliguito”. Pero de adulto a adulto creo que no era tan común.

Se me ocurre (bolazo MAL!) que tendríamos que evaluar si esa generación que creció con Olmedo y se ratoneaba con la “bebota” no dejó como un camino abierto a que ciertas mujeres quieran llenar esas expectativas curtiendo un look “bebota”.

Como siempre, el contexto determina (en mi caso) que el diminutivo sea constructivo o destructivo.

Ejemplo: Si uno de mis pollitos me dice mamita, sera tomado como un halago o muestra de cario. Si en cambio el que me lo dice es algún trabajador de una obra en costrucción me cae como insulto o apodo peyorativo.

Desde otro punto de vista: si algun comensal me acusa de “haber servido POCA comida”, me cae peor, que si me acusa de haber servido “poquita”. En el primero de los casos la acusación parece seria y en el segundo (“Serviste poquito”) aparentemente se estaría tratando de morigerar los efectos de la incomodidad que sus dichos me producen.

Si, es cierto lo del contexto. De hecho cuando se traslada a lo académico me parece desubicado, me molesta (bueno, quizás no debería llegar a taaanto pero soy de manual ).

Yo no digo que siempre, que todos los días, pero un “mamita!” obrero no es de los que más me joden. Lo de “la bombachita con los dientes” creo que está en el TOP de las cosas rechinantes que pueden gritarte pensando que te piropean. Y el diminutivo no podía estar ausente, claro está.

Ud dice que lo hacen para aminorar el efecto, la incomodidad? Pues no les está resultando,
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vea.

El ejemplo de “mamita” de Espantada viniendo de un nio o un obrero en la calle es contundente.

Creo que usarlos a discreción es lo adecuado. En muchos casos, suaviza algunas cosas.

En otros casos, rompe la paciencia e irrita. Depende el contexto, el tono de voz y el receptor, claro.

Tooooooooodo en diminutivo tampoco, obvio.

Conocí una mujer mayor (tía de una amiga del colegio) que era un disparador de carcajadas cuando hablaba.

Hablaba todo en diminutivo, posta. Pero todo.

Se murió Panchita, pobrecita, ayer fuí al entierrito y termine re angustiadita y cosas de esa índole. Le ponía diminutivos a todo y era ridícula a mis ojos de quinceaera. eso si que molesta!

pero ya cuando se usa demasiado el ITO/ITA tambien me suena tonto.

No es el caso de los diminutivos en particular lo que me molesta a mi, pero te reconozco que hay ciertas palabras y/o expresiones que me generan un escalofrío absoluto (de esos que terminan en una envolvente alrededor de la parte trasera del cráneo) y no por la palabra en sí, sino por el uso. Jamás podré olvidarme, por ej, que largué a un chico diviiiiiiino con el que salía porque a veces me decía “madre”

A los diminutivos a veces les encuentro un sentido único, como que dividen el valor de una palabra según la ocasión. Un Café es el que me tomo en mi casa, en taza extra large, tirada en el sillón y con los pies sobre la mesa ratona mientras dejo que las mufas recolectadas durante el día se vayan evaporando con el embriagante humo que sale de la taza. Un pucho, es el que me fumo pausadamente, disfrutando cada pitada y que apago prácticamente en el filtro. Ahora, el líquido venenoso que fluye de una máquina vieja y mal limpiada hacia un pequeo vaso de plástico en mi laburo (que además nunca llegar a entregar más de la mitad de su contenido en temperatura aceptable), es un cafecito. Y el cigarrillo apurado que uno quema mal con las desesperadas bocanadas ansiosas que le da mientras se caga de frío en la calle, recordando que tiene que volver a subir rápido (y dios quiera que los hados le sonrían y los ascensores no se encaprichen en dejarte 15 minutos esperando su llegada), es un puchito.

A los diminutivos a veces les encuentro un sentido único, como que dividen el valor de una palabra según la ocasión. Un Café es el que me tomo en mi casa, en taza extra large, tirada en el sillón y con los pies sobre la mesa ratona mientras dejo que las mufas recolectadas durante el día se vayan evaporando con el embriagante humo que sale de la taza. Un pucho, es el que me fumo pausadamente, disfrutando cada pitada y que apago prácticamente en el filtro. Ahora, el líquido venenoso que fluye de una máquina vieja y mal limpiada hacia un pequeo vaso de plástico en mi laburo (que además nunca llegar a entregar más de la mitad de su contenido en temperatura aceptable), es un cafecito. Y el cigarrillo apurado que uno quema mal con las desesperadas bocanadas ansiosas que le da mientras se caga de frío en la calle, recordando que tiene que volver a subir rápido (y dios quiera que los hados le sonrían y los ascensores no se encaprichen en dejarte 15 minutos esperando su llegada), es un puchito.
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