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“Hay gente que tiene vergenza de contar lo que pasó o está pasando. Yo no tengo vergenza, porque es la realidad; no le estamos robando a nadie”, dice con una voz firme y expresión de orgullo Cristian Ojeda, un zaguero de 35 aos, que también fue víctima de la injusta manera en la que se maneja la División Intermedia y que hoy en día se rebusca para salir a delante y mantener a su familia.

Para la mayoría que consume solo fútbol de Primera, Cristian Daniel Ojeda es un desconocido, pero para los que siguen la otras divisiones, es uno de los experimentados y máximos imponentes del ascenso. Hace un ao descendió de la Intermedia, esta temporada estuvo probando en la Primera División B, pero tras la primera fecha, fue echado como si nada del Cristóbal Colón de Ñemby, y desde entonces está haciendo malabares para tener una vida mínimamente digna.

Hoy en día está jugando en Liga de Carapeguá, donde recauda como máximo trescientos mil guaraníes por partido y con ello debe mantener a su familia, que incluyen dos hijos. “Allá me dan el combustible y entre doscientos a trescientos mil por presentación. Ya salva, con eso, uno viene directo al súper y compra las cosas para la semana. Gracias a Dios, mi seora trabaja bien y nos ayuda bastante en todo. Por ahora solo hago eso y espero conseguir pronto algo más importante”, sealó esperanzado el zaguero de 35 aos, que es consciente sobre su futuro, pues ya no pretende jugar en la máxima categoría. “Voy a seguir luchando en Intermedia, en Primera es muy complicado para la edad que tengo”.

Cristian ha pasado de todo en el fútbol del ascenso. Estuvo por Silvio Pettirossi, Rubio Ñu, River Plate y clubes del ascenso ecuatoriano, como Espoli, Liga de Portoviejo y Deportivo Quevedo. En todo este tiempo siempre tuvo que hacer algo para sobrevivir en las largas pausas que ofrecen las categorías inferiores del fútbol paraguayo.

Cristian Ojeda, defensor de 35 aos.

“Este ao cuando me echaron de Cristóbal Colón, trabajé con un ingeniero, me fui a ayudar en la parte de albailería, también me iba a comprar cosas de Clorinda para vender y así. Pero el momento más duro que me tocó pasar fue allá por el 2014. No me pagaron como cuatro meses en el club de Ecuador y tuve que volver. Vine y no encontré dónde jugar. Mi seora se había ido conmigo y no tenía trabajo. Era una situación complicadísima, porque mis dos hijos tenían que entrar en el colegio y yo no tenía plata. Me las ingenie, hice de todo. Comencé a vender remedios yuyos cuatro meses por ahí hasta encontrar un club”, relató con mucho orgullo el defensor.

A veces, cuando la situación apremia, Ojeda se convierte en taxista para reemplazar a su padre, que sí adoptó ese oficio. “Cuando él (padre) no puede, yo estoy ahí, o hago algún flete, cualquier cosa, pero algo debo hacer cuando la crisis te viene”, comentó.

Pide respaldo a la APF y a sus colegas

Como la mayoría de los futbolistas del ascenso que ha contado sus historias a La Nación, Cristian Ojeda exige a la APF una mayor seriedad y que de una vez por todas se profesionalice la Intermedia, categoría en el que los clubes solo pagan lo que ellos consideran y obviamente, los contratos verbales se lo llevan el viento.

“En el 2015, ascendí de Intermedia a Primera con River. Acordamos un monto, pero nunca me pagaron todo. Más o menos la mitad recibí, el resto es historia, incluso un salario me terminaron debiendo, pero cómo voy a reclamar? No tengo un documento que justifique lo que yo pido y lo que me corresponde. Lastimosamente es así. Arreglás un monto, pero si las cosas no van bien, no te pagan y te dan lo que quieren. El dirigente y los clubes te usan hasta que les servís, luego te tiran. Así de simple”, lamentó.

Otro punto que subrayó, fue el poco respaldo que hay entre colegas de la categoría. Aseguró que muchos están bien con los directivos, entonces no se animan a pedir formalismo y recién cuando son desechados, reaccionan ante las injusticias de las categorías del ascenso.

“Tenemos que ser más unidos, fuertes, porque el día de maana cuando no le sirvas más, los directivos te tiran. Necesitamos un contrato, algo que nos avale para exigir lo que nos corresponde, que es cobrar. Es un simple derecho lo que reclamamos. No le estamos robando a nadie con pedir algo que nos corresponde”, recalcó el defensor de 35 aos, que no piensa en abandonar el deporte que tanto quiere y que a pesar del “infierno” que pasan, volverá a insistir por una mejor suerte.
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